Como ya estoy en época de finales, entro en un momento donde le suelto un poco las riendas al estudio y entro en una especie de limbo, en el que hago lios con los días, duermo mucho, trasnocho otro tanto, y salgo poco, haciéndome la que "tengo que dar finales".
Para no perder el tiempo, me compré lana porque estoy encaprichada en tejerme un gorro, espero que la receta de la revista sirva para las medidas no tan normales de mi cabeza, y que cuando termine de tejer esto no tenga que hacer un bollo y meterme el gorrito en... dejémoslo ahí...
Y haciendo analogías, sí, soy como la Penélope de la canción de Serrat, no tendré un bolso ni zapatitos de tacón, pero tejo, y mientras tejo estoy en algo así como una espera. Hay un alguien que me tiene la cabeza disparatada hace ya varios días, y no es alguien nuevo...
Encima sé que no le tengo que dar bola, pero no, la mina lo espera incondicionalmente todas las noches para hablar de los mismos temas una y otra vez acusándose mutuamente de la lentitud que tienen al momento de ir a los bifes. Porque sí, nos volvimos a ver pero no fuimos a los bifes, la primera porque el no avanzó y la segunda porque yo "no quise porque no sabía como estabamos mentalmente preparados para ESE momento" (mentira, usé un viejo artilugio de una amiga).
En fin, no puedo hacer mucho por ninguno de los dos, el está preparándose para estudiar en el interior, y yo ando muy tocada por mi último noviazgo, que aunque haya pasado ya un año, me quedaron varias secuelas, entre ellas el test que tengo pensado hacerle a mis futuros candidatos para ver si no son una especie de freaks adictos a algo (coming soon in this blog).
Las cosas son así, yo no quiero saber nada con nadie, el tampoco, pero dentro de lo posible por lo visto vamos a darnos. Peeeero es sabido que las mujeres somos más boludas que los hombres en temas del corazón y es obvio que si garcho quedo enganchada y empiezo a imaginarme que él no se va a ir a ningún lado y que vamos a ser felices y casarnos como en los cuentos de hadas y vamos a tener hijitos y blah blah blah.... Sí, la máquina de imaginarse pelotudeces va a mil por hora y mientras que para él es algo más en la cotidianeidad de ponerla, para nosotras van un montón de cosas implícitas en la acción. En mi caso es volver a pensar que él es el hombre ideal...
En fin, estoy esperando como Penélope que el navegante vuelva, aunque ella lo espera y él vuelve, el mío vuelve a perturbarme un toque y después se hace el indiferente, porque es lo que suele hacer, y de paso me deja medio pelotudita, triste e insegura de mí. Porque seamos sinceras que cada vez que el chongo se nos va las mujeres solemos preguntarnos qué es lo que tenemos fallado, y después de muuuchas preguntas viene el muy odiado ¿Qué mierda tiene ella que no tenga yo? y ahí entrmos a querer desmenuzar a la chiruza de turno.
En fin, algún día voy a llegar a generar un mecanismo de autodefensa que haga que no elija a los hombres taaan mal, porque encima, en vez de mejorar, voy empeorando...
Salute! Disfruten el finde y vuélense la peluca en cuotas, viernes un poco, el sábado la mitad y explótenla el domigno como yo! =)
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